lunes, 7 de septiembre de 2015

Algún día brillarás.

Querida muchacha
que mira la Luna
creyéndola amante
buscando consuelo.

Querida amiga de la noche
que convierte sus lagrimas
en centinelas,
que graba su dolor
en el oscuro cielo.

Preciosa niña
cuéntame el secreto,
qué tiene el firmamento
para gustarte tanto,
para sentirte acogida
en esa inigualable grandeza.

Pequeña y frágil
de lluvia y cielos grises
alma de poeta
estás rota,
rota y apagada.

Y miras a los astros
que, en diferido, brillan
soñando parecerte a ellos
soñando que alguien
                                 algún día
te haga brillar
como el cálido Sol
hace brillar a la Luna.

No llores más
cuerpo de soledad
de noches en vela
y sueños de cristal
brillarás
             nunca como la Luna
             nunca como el Sol
brillarás más fuerte
              más viva
brillarás como tú misma
y no habrá motivos
para envidiar al crepúsculo.

Algún día querida muchacha,
algún día.

sábado, 22 de agosto de 2015

Un juego de idiotas.

Caía la ropa
como caía la nostalgia,
como la lluvia.
Caía desnudado un cuerpo
dispuesto a perderlo todo.

Y se besaban,
se besaban como nunca,
como si sus bocas jamás hubiesen probado tal delicia
como si fuese el primer y último día de sus vidas.
Se besaban para aprenderse
para no olvidarse
para recordarse eternamente.

Y se tocaban
como intentando moldear un futuro,
como dos ciegos
                    locos de amor
susurrando caricias
al borde de una hecatombe.

Y no sabían lo que hacían
pero estaban desatando una guerra.

Si les vieses
sabrías de lo que hablo.
Su mirada
-la de él-
bombardeaba auténticas imprudencias.
Su cuerpo
-el de ella-
se convertía en el mayor pecado
concebido por el hombre.

Pero eso ellos no lo sabían.
Ellos jugaban al amor
como quien juega
sin conocer las reglas,
sin pensar demasiado en el porvenir
y sin ser conscientes.

Y de ese modo
cualquier sitio
o cualquier cama
se prestaba perfecto
para perder la vida.

jueves, 23 de julio de 2015

Reflexión sobre tu olvido.

Lo he intentado todo
pero olvidar es algo que nunca se me ha dado bien.
La palabra despedida siempre me ha quedado grande
y me ha llenado de temores
entre ellos el olvido
o darme cuenta de que te necesito.

Lo he intentado todo.
He hablado con otros,
pero siempre estás tú.
He intentado sacarte de mi
como quien intenta sacarse una astilla clavada muy muy al fondo.
Con empeño,
con constancia,
poco a poco,
admitiendo el dolor
aceptando el dolor
y esperando que llegue el momento
en el que por fin cese.

Lo he intentado de mil formas.
Me he dicho con mil verbos
que tengo que olvidarte
pero es inevitable meterte en todos y cada uno de ellos.

Olvidar
cada beso en cada tarde.
Abandonar
lo que fuimos
(jodido pasado)
Relegar
de tu mirada.
Arrinconar
cada recuerdo.
Negar
toda canción que lleve tu nombre.
Desconocer-te.
Ignorar-te.

Lo he intentado
en la mañana
y en la noche.
Los días con sol era más sencillo,
los días de lluvia se me hacía imposible.

Lo he intentado
con amigos
con cerveza
con borracheras
y con noches de suicidio en el colchón.

Te juro que lo he intentado.
Y creo que sólo el tiempo sabe cómo hacerlo.
He entendido que no tengo que olvidarte,
que olvidar es un verbo que no existe,
que sólo tengo que aceptarlo,
asumirlo
y esperar al día en el cual al cerrar los ojos no imagine tu sonrisa
y simplemente seas
un recuerdo,
un simple recuerdo
sin dolor.

Tormenta de verano.

Qué tendrá la lluvia
y el cielo gris.
Qué tendrá el estruendo de una tormenta
y el sobrecogedor derrumbe del cielo.  
Qué tendrá para gustarme tanto. 

Creo que se parece a ti.
Llueves sin querer
vienes para quedarte
y aunque te vayas en cuestión de minutos
llegas y me dejas tus charcos.

Llueves 
y mojas toda mi existencia
mojas mis recuerdos
empapas mis sentidos
inhundas la poca cordura que me queda. 

Llueves 
y me dejas un alma dividida
que deja de ser mía 
y pasa a ser nuestra.

Por una parte encuentro
la cercanía de tu llegada.
Llegas y traes contigo
el abrazo de tus gotas
el brillo de tus rayos
y ese peculiar trueno 
que rompe mis silencios 
para que quede claro que estás aquí. 

Por otro lado temo
la lejanía de tu huida.
Pero sé que vas a irte
y vas a dejarme ante los días de sol
sintiendo el frio de tus ausencias
y lo poco que importan 40° 
sin el verdadero calor de tus abrazos.

Parece que estoy contigo, 
parece que veo tus miedos,
parece que puedo sentir tus ganas de quedarte.
Pero ya no estás aquí 
y tengo que acostumbrarme.

Esta tormenta de verano
es todo lo que queda de nosotros.

.

jueves, 9 de julio de 2015

Cincuenta días más.

Caerse la primera vez fue sencillo.
Tú advertías de tu huida,
yo quise quedarme un rato
a jugar con tu sonrisa.
Caímos simplemente porque tenía que pasar
y ambos sabíamos que pasaría.

Lo complejo vino después
con la ausencia
y la necesidad.
Cuando,
        no sé bien cómo
volvimos a atraparnos.
Esta vez más fuerte,
esta vez con un no te vayas en la boca.

Y disfrazamos
           por un tiempo
                           nuestros miedos.
Y disfrutamos
           por un tiempo
                          del ahora.
Y dibujamos
           por un tiempo
                          un nosotros.
Y tratamos
           por un tiempo
                          de intentarlo.

Entonces llegó la parte más difícil.
Yo asumí tu huida.
Tú,
    a pesar de querer huir,
te quedabas a jugar con mi sonrisa.
Y sin ser muy conscientes de ello,
o quizá siendo demasiado conscientes,
tropezamos cincuenta días
con la misma piedra,
y nos dimos de frente cincuenta tardes
con los mismos besos
y pusimos cincuenta finales
que terminaron siendo siempre un nuevo comienzo.

Muchos no lo entienden,
muchos no lo entenderán jamás.
Me dicen que lo deje,
que termine con este continuo subir y bajar.
Supongo que podría hacerlo,
podría dejarlo.
Pero sé que si hoy coges el teléfono
y decides que no te apetece huir
caeré cincuenta días más.
Porque caer sobre ti
y todo lo que eso conlleva
pesa cincuenta veces más
que la agonía que luego trae la ausencia.

lunes, 29 de junio de 2015

Ecos eternos.

Hay ecos eternos
recordándome
recordándote
recordándonos.
No sé qué buscan
cuando te nombran
cuando narran nuestra historia
cuando marcan tus latidos.
Hay ecos que se convierten
en sonrisas
en lágrimas
en olvido
en agonía.
Hay ecos que remarcan
las ausencias
las caídas
los errores
las despedidas.
Hay ecos viejos y eternos
que con sigilo acarician
los abrazos
los besos
los minutos
los secretos.
Hay ecos nuevos
que con alboroto
callan los ecos antiguos
las caricias
las miradas
las cosquillas
las batallas.
Ecos que solo puedes escuchar
en la noche
                solitaria
                fría
                nostálgica
en pleno silencio.
Ecos que están callados.
Ecos que desean ser escuchados.
Ecos que quieren recordarnos.
Ecos perdidos.
Ecos olvidados.
Ecos que fueron
y que nunca serán.

Pérdida de un alma suicida.

"Todo lo nuestro está muerto,
como lo estoy yo."

De Leyendas de Pasión.

Dudó, un segundo, de su propia existencia. Ya no sabía qué significaba la felicidad, ya no encontraba motivos suficientes para creer en el amor, ya no le quedaba nada. Había llegado a su límite y fue entonces cuando su vida, o los restos de ella, pasaron a ser su desolado lecho de muerte.

-A quién pretendo engañar- se decía constantemente. 
-He dejado de luchar por todo aquello que me mantenía en pie. He jugado sin conocer las reglas y sin pensar en lo que arriesgaba. Mírame, estoy perdido, me he perdido a base de perder a los demás. Pero sus ojos siguen empeñados en llevarme la contraria.
'Aun puedes hacerlo' me susurran en silencio. 'Aun puedes vivir, siempre y cuando continúes mirándome. Tú eliges cómo. Tú y sólo tú eres dueño de tu destino. Sé que es difícil encontrar esperanzas cuando todo se vuelve negro y la luz deja de existir, pero recuerda: nunca todo está perdido. Piensa qué es aquello que quieres en tu camino, o mejor, escucha lo que tu alma quiere y adelante, persigue tu vida.'
Y siempre que me mira lo repite: 'Aun puedes hacerlo.'
Pero yo sigo en mis trece...todo lo nuestro está muerto, como lo estoy yo. Sin embargo, me veo brillar en sus pupilas y me oculto al fondo de su mirada para volver a dudar. Esta vez no de mi existencia, sino de la suya.
Eres un alma suicida cayendo en el vacío de la mía. Pero mientras te mantengas mirándome yo sabré que aun me queda vida y tú podrás seguir cayendo en mí vacío.
Hasta que un día, que espero no llegue nunca, tú decidas que todo lo nuestro está muerto. Entonces moriré yo, y tú marcharás con tu alma suicida y tu mirada esperanzadora, y ya no me quedará nada. Ese será mi fin.-


Ninguno de los dos lo quiso, ninguno creyó que aquello pasaría. Pero aquel día, que esperaban no llegase nunca, llegó y la duda se fue, al igual que su alma y su mirada. Se fue dando paso a su más temida evidencia, su fin, su muerte. 

sábado, 20 de junio de 2015

Ya no hay verso.

Iba a escribir una poesía 
que entre versos dijese tu nombre.

Esto es todo lo que puedo escribir.

Ya no suena tu nombre 
entre verso y verso.

sábado, 13 de junio de 2015

Tu irresistible olor a ti.

Un ritmo lento
pero marcado,
como tus besos.

Una luz tenue
que deje jugar a las sombras
que bailan con nuestros cuerpos.

No soy yo ya,
soy más bien tuya.
Y mi piel
ha pasado a formar parte
de tus labios.
Y mis labios
se han desgastado
en cada rincón de tu piel.

Creo que nuestras almas
hoy solo quieren pecar
y nuestras miradas
han sido las primeras
en empezar la partida.
Cálidas, atrevidas,
con la viva llama del deseo
en plena incandescencia.

Han dado paso a los sentidos,
a aquellos más carnales.
Y han desnudado mi cuerpo.
Y he desnudado el tuyo.
Sólo para sentir mejor.
Para disfrutar del tacto
y del gusto,
de poder probar cada sabor a ti.


Oh!
Adoro cómo te pierdes en mi cuello,
y que tu lengua vacile en mis clavículas.
Tu respiración.
Tu irresistible olor a ti.
Adoro acercarme
al lóbulo de tu oreja
y dejar ahí
-justo detrás de tu ser-
mis jadeantes suspiros.

Ven
hoy te dejo acariciar mi alma.
Ven
si quieres que nos destruyamos.
Ven
que a mi ya nada me salva.
Ven
y hacemos que nos amamos.

Días impares.

He dejado tu nombre
en la esquina de un bar
y he dejado tu mirada
-al mirarme-
en el espejo.
He gritado bailes
que eran innombrables.
He dejado de ser yo
y he pasado a ser invierno.
He dicho cosas sin sentido
pero sintiendo.
He pronunciado te quieros
que jamás he escuchado.
He vivido a medias.
He aguantado plazos.
He mantenido el hilo
que a veces no he deseado.
Por ti.
Por mi
Por nuestros días impares.
Por explicarme en sonrisas
las dudas que traen los mares.

He dejado tu nombre
en la esquina de un bar
al que acudo cada viernes
esperando que sea impar.

sábado, 30 de mayo de 2015

El hombre debe salvar su alma.

El hombre debe salvar su alma
decían pretextos y convencionalismos
pero
qué significaba salvar su alma.

Había para quien salvar el alma
significaba
                 únicamente
mantenerla lejos de posibles daños.
Y con daños no me refiero
a otra cosa más que
                                amor
                                       esperanzas
                                                        fe.

Había para quien salvar el ama
significaba
                 simplemente
salvarla de sentir.
Y con esto me refiero
a salvarla de convertir
                                  amor en soledad
                                  esperanzas en olvido
                                  fe en incredulidad.

Había para quien salvar el alma
consistía en controlar todo lo que esta decía
y prohibirle hablar si era necesario.
Resumido:
                 mandar al alma
                 antes que dejarla mandar.

En contraposición
había para quien salvar el alma
significaba
                 preferentemente
dejarla volar libre e inconscientemente
a pesar de las posibles caídas.
Dejarla sentir,
es decir,
a pesar de convertir
                              amor en soledad
                              esperanzas en olvido
                              fe en incredulidad.

He de decir que me encuentro
en el segundo grupo de personas.
En el cual el alma manda
y no hay quien mande en ella.
Es un alma rebelde,
que defiende lo que quiere
                      sin pensarlo.
Y esto a veces da lugar
a luchas internas
                        entre alma revolucionaria
                                 y mente pragmática.
Y como en todas las guerras
alguien gana
y alguien sufre.

Así que permítanme darles un consejo
que debo aplicarme yo también.
Aprendan un poco a salvar su alma
de la manera en que la salvan
quienes se encuentran en contraposición
y viceversa.

En una esquina cómoda y solitaria.

No la has visto caer al suelo
   y hundirse en su propio mar.
No la has visto mirarse al espejo
   y gritar
            por qué a mi.
No la has visto buscando respuestas
   en cada esquina que se prestase cómoda y solitaria
   para dejar ahí sus restos de esperanzas.
No la has visto en ese momento en el que todo el mundo
                                                                                           se le cae encima
y cree que no puede con nada.
No la has visto cuando todo su valor ha perdido sentido
   para dárselo al tuyo.
No la has visto desgastarse cada vez que le preguntan:
"¿cuánto te quieres?¿ y a él?"
No la has visto justo en ese instante en el que se da cuenta
 de que sin ti no y contigo a duras penas.
No la has visto diciendo:
  "me da igual estar mal porque cuando estoy con él soy feliz y estoy completa."
No la has visto cansada,
                         agotada,
                         planteándose el paso al olvido.

Y si no la has visto es porque ella no ha querido.
Ella no quiere ser débil y vulnerable,
   aunque a veces crea inevitable
   que tú eres su gran debilidad.
Ella no busca que la veas acurrucada
   en la esquina de su cama
 luchando contra cada injusticia.
No quiere dejar de defenderte
frente a cada bala que disparan contra ti.
Ella no quiere el olvido.
Es más, teme el olvido.
Y aunque Ella sea fuerte,
y haya aguantado tormentas y avalanchas,
aunque haya conseguido una sonrisa por cada lágrima
a veces
tan sólo
necesita que la cuiden,
              que la quieran,
              que la protejan.
Mejor dicho;
necesita que la cuides
              que la quieras
              que la protejas.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Ella, Escritura.

    Era pequeña, sencilla. Era nada más y nada menos que ella. Era alegre y dulce a la par que triste y melancólica. Solía curar sus heridas con las lágrimas que brotaban de sus ojos y, en gran parte, eso aliviaba su dolor.
    Pero un día se le rompió el alma. No sabe cómo ni bien por qué; no recuerda el preciso instante ni bien las precisas causas, pero sucedió. Y por la grieta creada en el corazón comenzó a correr la sangre. Aunque esta vez era diferente a la conocida hasta entonces. Se trataba de sangre azul. Y no, no me refiero a la sangre de un noble, si no a la tinta de un bolígrafo. Un bolígrafo tan roto como ella que no podía dejar de sangrar.
    Y la pequeña niña encontró así una nueva forma de deshacerse del mundo y de que el mundo se deshiciese de ella, una nueva forma de dejar su verdad, una nueva forma de gritar en silencio todas sus palabras calladas.
    Los ingredientes no daban paso a confusión alguna: un papel, un bolígrafo, media taza de soledad (o quizás una entera), dejarse llevar y, de vez en cuando, la meliflua melodía de un piano.
Entonces comenzaba aquel fenómeno, aquella jerga de palabras, párrafos y tachones que podría limitarme a resumir en un solo término. Aquel íntimo fenómeno se denominaba Ella.
    Plenamente ella. Sin tapujos, sin máscaras ni apariencias. Libre, bailando por el folio sin reparar en nadie ni dar cuentas de nada.
    Y se enamoró de aquello. De la plenitud y la libertad de la escritura. De poder dejar en versos su amargura y escribir sonrisas, y relatar miradas y narrar ternura. De ser ella y sus matices de locura.
Risueña. Sencilla. Alegre. Nostálgica. Triste. Ausente. Ella, sin ser más que lo que era, Escritura.

domingo, 10 de mayo de 2015

Ruinas y cenizas.

Tal vez no sea lo más poético que haya escrito, tal vez tan sólo sea un intento de expresar partes inexpresables de mi alma. Tal vez no sepa ni lo que siento ahora mismo, pero quiero intentarlo. 
Porque he sentido cómo todo mi cuerpo era bombardeado, cómo se derrumbaban cada uno de los muros que constituían mi pequeño país, mi pequeño corazón, dejando poco más que tristes y despreciables ruinas y cenizas.


Pedazos.
Simples pedazos.
En eso se ha convertido mi alma,
en diminutos restos,
en ruinas,
resquebrajados pedazos.

Insomnio.
Creado por el pánico,
creado por la angustia
de pensar en ti
y no verte.

Algo me oprime el pecho.
Me late el corazón a una velocidad incalculable.
No,
no llega todo el aire que a mis pulmones debería llegarles.

Me mareo. 
Me pesa el tiempo,
y más aun me pesa el alma
ahora que es un peso muerto. 

Desaparecer. 
Tan solo quiero desaparecer.
Que la Tierra jamás haya sabido de mi existencia.
Quedar,
únicamente,
en meros y fugaces recuerdos.

Me ahogo.
Juro que no puedo respirar.
Tengo dos manos cogiéndome del cuello
y dos puños haciendo de las suyas en mi estómago.

Vuelvo a intentarlo.
Vuelvo a fracasar.
Entro en un bucle sin salida.
Insomnio.

He matado a mi sonrisa
y el brillo de mis ojos
ha salido corriendo preso del pánico.
He empezado la primavera 
cortando de mi jardín 
la mejor de las flores.

Ahora lo entiendo,
se rompe el corazón,
lo hace de verdad. 
Siento como se separa,
lenta y despiadadamente,
en pequeñas partes,
mi alma.

Mi corazón bombea dolor,
o lo bombardea, 
y llega, por mi sangre,
a cada insospechado rincón de mi cuerpo
destrozando y destruyendo, 
dejando, tan solo,
ruinas
y cenizas.

miércoles, 29 de abril de 2015

Silencio.

No sé si tú te diste cuenta pero ahí estábamos, abrazados, sin decir nada, disfrutando del silencio, 
del silencio contigo.


En silencio
dimos paso a los sentidos,
callamos al mundo,
y olvidamos lo perdido.

Mente en blanco,
alma desnuda,
llené mis pulmones con el olor de tu pecho,
y disfruté,
en pleno silencio,
del vals de nuestros latidos.

Parada temporal.
Dejó de caer la arena,
fuera todo parecía seguir su curso,
pero no,
para nosotros el tiempo había muerto.

Es sencillo,
preferí el silencio de un abrazo
y las caricias calladas.
Y dijimos,
en silencio,
mucho más que con palabras.

lunes, 27 de abril de 2015

Dónde esconderme.

"Porque te escondes dulce en el orgullo,
pequeña y dulce,
corazón coraza."

Mario Benedetti


No encuentro, más allá del orgullo, 
lugar en el que esconderme, 
donde sentirme segura,
donde nadie pueda verme. 

Y es allí donde guardo mis sueños,
olvido mis esperanzas,
y quemo mis oportunidades. 

Es allí donde me hago valiente,
donde me miro al espejo, 
intentando convencerme, 
de cuan fuerte es mi reflejo. 

Es en ese pequeño y dulce lugar,
justo donde las penas más duelen,
justo donde el amor más quema,
justo ahí he de esconderme.

Dónde si no he de hacerlo,
si sus brazos ya no sirven de armadura, 
y el olvido, que era él,
mi desmesura, 
ya no anda con firmeza en mi cintura.

Dónde si no he de esconderme, 
¿dónde ocultar la amargura?
No encuentro paradero, 
más allá de mí misma.

Y permite que te robe unos versos, Benedetti.
Porque me escondo dulce en el orgullo,
en mi pequeño y dulce corazón coraza.




sábado, 25 de abril de 2015

Déjame a mí.

Lo siento Miedo, 
una vez más
debí creer en ti, 
ahora ya es tarde, 
ahora no puedo, 
esto no es cosa tuya, 
fui yo quien decidió arriesgar, 
si tengo que caer 
déjame a mí.

Y caí
sin poder evitarlo tan siquiera.
Caí como lo hace la lluvia,
caí como las lágrimas,
caí como las falsas palabras.

Y sentí que todo era polvo,
mentiras.
Y todo caía conmigo,
deshaciéndose de mí por instantes.
Todo lo que yo era,
o lo que creía ser,
caía y caía,
erosionándome como roca de mar.

Y Miedo,
como siempre,
miraba desde arriba con ademán de gritar:
-"Te lo dije."

Y yo,
decepcionada,
le devolvía la mirada como intentando decir:
-"Debí aferrarme a ti."

Y en verdad debí hacerlo.
Porque Miedo me mantenía a su lado,
me protegía,
y no dejaba que nadie me sacase a pasear por aquel precipicio.

Miedo siempre solía decir:
"No confíes."
"No des nada de ti."
"No quieras y si lo haces, en secreto."

Pero no era suficiente.
Mil cosas me tapaban los ojos
y estar en sus brazos era
como preguntarse qué significaba el miedo.

Lo siento Miedo,
una vez más
debí creer en ti,
ahora ya es tarde,
ahora no puedo,
esto no es cosa tuya,
fui yo quien decidió arriesgar,
si tengo que caer
déjame a mí.


martes, 21 de abril de 2015

Por favor, mídelo.

No lo midas,
no en la cantidad de veces que te digo "te quiero"
ni lo midas en los besos que te doy.
No lo midas tan si quiera en las palabras bonitas,
ni lo midas en momentos de pasión.



Mídelo en sonrisas.
En la mía cuando tú me haces reír,
en la tuya cuando yo te lo hago a ti.
Mídelo en la nuestra,
en esa común que tenemos cuando estamos cerca.
Mídelo si quieres en mi sonrisa tonta,
o en las veces que saco la lengua al hablar cuando me pones nerviosa.
Midelo en todas las que tú dibujas
cuando te tapo los ojos para poder disfrutar,
libre,
mirándote embobada a la boca.
Mídelo en la sonrisa de antes,
en la de durante
y en la de después de un beso.

O mídelo en miradas.
En la de antes,
en la de durante,
y sí,
también en la de después.
Mídelo en los cruces de miradas,
en el "no aguantas nada",
en el "deja de mirarme así",
en el "qué tonta te pones".
Mídelo en el brillo de mis ojos
cuando hablo o me hablan de ti.
Mídelo en las ganas que transmiten
cuando siento tu respiración aquí,
justo aquí,
tan cerca de la comisura de mis labios.

Pero, por favor,
si algún día verdaderamente te paras a medir
piensa
que no te pido que midas en palabras,
ni te pido que midas en un cuerpo.
Sólo te pido que cierres los ojos,
y midas en sonrisas
o midas en miradas,
que lo que vale es eso.