Querida muchacha
que mira la Luna
creyéndola amante
buscando consuelo.
Querida amiga de la noche
que convierte sus lagrimas
en centinelas,
que graba su dolor
en el oscuro cielo.
Preciosa niña
cuéntame el secreto,
qué tiene el firmamento
para gustarte tanto,
para sentirte acogida
en esa inigualable grandeza.
Pequeña y frágil
de lluvia y cielos grises
alma de poeta
estás rota,
rota y apagada.
Y miras a los astros
que, en diferido, brillan
soñando parecerte a ellos
soñando que alguien
algún día
te haga brillar
como el cálido Sol
hace brillar a la Luna.
No llores más
cuerpo de soledad
de noches en vela
y sueños de cristal
brillarás
nunca como la Luna
nunca como el Sol
brillarás más fuerte
más viva
brillarás como tú misma
y no habrá motivos
para envidiar al crepúsculo.
Algún día querida muchacha,
algún día.
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