sábado, 27 de mayo de 2017

Muerte por posesión.

En el suelo
apagado y frío
ya sólo restos,
ápices de vida
hoguera extinta
charco de llanto.

Y dos manos culpables
y sollozos
y gritos
y
-yo la maté,
yo la maté.-

El lamento inútil
de quien no entiende el amor.

-Yo
que con sólo verla
supe que sería
mía.-

Caprichoso y egoísta
aquel que miró la flor
y la quiso tanto
que por hacerla suya
la arrancó.

-Y mía no pudo ser-

Atrapada entre sus manos
un pétalo despidió
y siendo presa la flor
con su soga
la mató.

Reflejo.

Me advertías de ti.

En cada página decías
-aunque no quiera
todo lo que toco
arde.-

Y eras fuego fatuo,
deseo vehemente en la noche.
Eras de bares, de copas,
de cristales rotos,
de calles mojadas.

Lluvia, humo, frío consecuente.
Eras también ceniza.

Caminante esquivo,
con el daño a cuestas
y las derrotas
y algún libro maldito.

Literatura de borrachos,
locos
rotos
muertos.

Páginas desgastadas
de libros tristes,
reflejo de un corazón cansado
vacío y solo.