Me advertías de ti.
En cada página decías
-aunque no quiera
todo lo que toco
arde.-
Y eras fuego fatuo,
deseo vehemente en la noche.
Eras de bares, de copas,
de cristales rotos,
de calles mojadas.
Lluvia, humo, frío consecuente.
Eras también ceniza.
Caminante esquivo,
con el daño a cuestas
y las derrotas
y algún libro maldito.
Literatura de borrachos,
locos
rotos
muertos.
Páginas desgastadas
de libros tristes,
reflejo de un corazón cansado
vacío y solo.
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