no en la cantidad de veces que te digo "te quiero"
ni lo midas en los besos que te doy.
No lo midas tan si quiera en las palabras bonitas,
ni lo midas en momentos de pasión.
Mídelo en sonrisas.
En la mía cuando tú me haces reír,
en la tuya cuando yo te lo hago a ti.
Mídelo en la nuestra,
en esa común que tenemos cuando estamos cerca.
Mídelo si quieres en mi sonrisa tonta,
o en las veces que saco la lengua al hablar cuando me pones nerviosa.
Midelo en todas las que tú dibujas
cuando te tapo los ojos para poder disfrutar,
libre,
mirándote embobada a la boca.
Mídelo en la sonrisa de antes,
en la de durante
y en la de después de un beso.
O mídelo en miradas.
En la de antes,
en la de durante,
y sí,
también en la de después.
Mídelo en los cruces de miradas,
en el "no aguantas nada",
en el "deja de mirarme así",
en el "qué tonta te pones".
Mídelo en el brillo de mis ojos
cuando hablo o me hablan de ti.
Mídelo en las ganas que transmiten
cuando siento tu respiración aquí,
justo aquí,
tan cerca de la comisura de mis labios.
Pero, por favor,
si algún día verdaderamente te paras a medir
piensa
que no te pido que midas en palabras,
ni te pido que midas en un cuerpo.
Sólo te pido que cierres los ojos,
y midas en sonrisas
o midas en miradas,
que lo que vale es eso.