jueves, 14 de mayo de 2020

Noche en Puerta Cerrada.

Nadie mira,
todos van con prisa.
Directos o perdidos,
puntuales e impacientes
o tarde, siempre tarde.

No importa lo que dejen
herido en el camino.

Todos van con prisa,
con miedo.
Parece que huyan
pero sólo siguen las líneas marcadas por los adoquines,
la ruta del agua en el suelo
corriendo siempre para acabar en el mismo sitio.

Realmente nadie puede huir,
nadie observa sin mirar,
nadie puede escuchar sin oír.

Lo que dejas herido en el camino
eres tú.

Sin embargo, hay un niño en la esquina
al que la lluvia no cala
al que los años no pesan,
en la esquina hay un niño
que no corre en la noche
que sólo quiere quedarse despierto
para descubrirlo todo,
para ver las luces,
que supongo no os habréis dado cuenta pero hoy están preciosas,
durante quién sabe cuánto tiempo.

En la esquina hay un niño sin prisa
que aún no sabe de qué va el mundo
y ojalá nunca lo sepa.
En la esquina hay un niño
al que miro
que sin estar escondido
nadie encuentra.

En la esquina hay un niño precioso
que me mira
y sonríe de vuelta.

Fuga II. Contraluz.

Con el sol de frente
todo lo que veo son sombras
y no parecen diferentes
unas de otras,
los fantasmas de la gente
y sus derrotas
normalidad aparente,
vidas equívocas.

Viendo solo lo que se toca,
como ciegos de mente,
creyendo que las personas
son su semblante,
te sonríen relisilientes
y lo que sienten
es que no les queda otra
que seguir hacia delante.

Con la culpa silenciada
el penitente
prisionero de las sombras que enmascara
cumple condena perpetua
hasta la muerte
cuando la luz se acaba
todo se olvida.



El embrujo.

Estaré algún día tumbada a tu lado,
con la cabeza en tu pecho,
mientras acaricias mi pelo
y miramos las estrellas
o nos calienta el fuego
de alguna chimenea.

Y desnuda también por dentro
te preguntaré cerrando los ojos

- ¿dónde has estado todo este tiempo?-

Y quizá no haya respuesta
pero nos miraremos quietos
pensando en lo inesperado
de nuestro encuentro,
en lo extraño que nos envolvió
desde el principio.

Y juntaré despacio
mi boca con la tuya
para que sientas cómo
se respira un alma.

Y en el primer roce lento
creerás olvidar dónde
estuviste tiempo atrás,
creerás saber dónde
te vas a quedar.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Hasta que la muerte nos junte.


Es la versión más bonita del amor, 
el amor sin condiciones. 

Sentada al pie del cañón
con la mecha cada vez más corta
sujetando con sus manos temblorosas 
el cansado peso del hierro
que huele casi a pólvora quemada
que de un momento a otro va estallar desdibujando toda su fuerza
salpicando la piel arrugada 
de lágrimas incesantes. 

No quiero que te vayas, no quiero que te vayas. 

El grito más sincero y desolado. 

Quién va a entender ahora la vida sin ti.
Te vas y te diré 
que me has dejado sola
que eras mi vida entera
y a mi manera 
te he querido siempre y te querré
hasta el día que volver a verte pueda.

martes, 5 de noviembre de 2019

Poema de una despedida.


Adiós, mi amor
ya está, 
nuestro tiempo terminó. 
Mi amor, 
no hay más, 
no me olvides por favor
pero déjame marchar
que me duele el corazón
si se alarga este final. 

Está la Luna en el cielo
buscándonos sin parar, 
nerviosa por el encuentro, 
culpable de no durar más. 

Está todo el cielo quieto
ahora que te puedo mirar
arden las estrellas dentro
siento en ti la gravedad. 

Está la Luna llorando
mientras mojamos la tierra, 
quiere quedarse despierta
guardando la noche eterna. 

Suplica que alguien la escuche, 
ruega al tiempo descansar. 
Claro de luna que esculpe
amor en la oscuridad. 

Ahogada la Luna en la hoja
del puñal de la mañana
que sangra entre nuestras manos
malheridas  pero en clama. 

Tengo que irme, mi amor
vuelvo a casa aunque nos duela
Dile a la Luna si vuelve
que te cuide como yo
hasta que el sol aparezca.

Adiós, mi amor
ya está,
nuestro tiempo terminó.
Mi amor,
no hay más,
no me olvides por favor
pero déjame marchar
que me duele el corazón
si 
se 
alarga 
este 
final
. 


jueves, 1 de agosto de 2019

No olvides.

Tengo imágenes grabadas
que llegan tan dentro
que temo que un día se borren
como se borran las cosas que parecen para siempre.

Veo un cielo de colores
abierto para volar
y se pinta en él
el canto de las golondrinas
que hacen sus nidos
bajo las cornisas de nuestros tejados.

Veo el sol caer
por la ladera izquierda
de la montaña que nos acoge
bajo sus pies.
Y se dibuja grandiosa y bella
vestida de verde como nunca
y ojalá para siempre.

Veo una casa amarilla
con la televisión encendida
y dependiendo de la hora
da la misa o el telediario
la señora que sube y baja
las escaleras que con el tiempo
se hacen cada vez más difíciles.

Me giro y veo
la luna salir a lo lejos en el cielo
que a ese lado comienza ya a dormir.
Y encienden las luces
los que temen
que el día acabe
demasiado rápido.

Y ya es hora de abrir las ventanas
para que se ventile el alma,
así que entro.

Y queda fijo en mis recuerdos ese sonido.
El del choque provocado
por las delgadas tiras doradas
de la cortina que separaba la libertad
de las obligaciones.

Y me refugio en el eco
de unas paredes blancas adornadas
y un frío suelo de piedra,
y cojo aire para avisar
que el agua es mía,
y alguien me dice
que también es de las flores,
así que espero.

Pinto entonces el fondo de azul
y dejo entrar la suave luz
del final de la tarde
por la ventana
y se cuela alguna que otra historia
que los vecinos cuentan sin vergüenza
mientras yo les canto con las golondrinas.

Y encuentro el punto justo
con la lección aprendida
suficiente cinco vueltas de agua fría.

Veo las lágrimas que escondí
cuando crecer dolía,
cuando preguntarse el por qué
ahogaba menos si con el agua me hundía.

Veo también el refugio
de sonrisas desnudas, mojadas y compartidas.

Veo un reflejo
que devolvía una imagen nueva
cada año.
Veo un reflejo
que se disipa triste
y se despide
desdibujándose en el vaho
que aún me abraza.

Veo un último reflejo
que antes de irse
                 de irme
me pide que
no olvide.



sábado, 1 de junio de 2019

El horizonte.


Ella camina
siempre en la orilla
siguiendo la espuma del mar. 

La voz de una madre dice
"cariño, 
el horizonte no se puede alcanzar." 

Y las preguntas del niño se esconden
tras el ruido de las olas, 
que marcan ignorantes
un triste compás. 

Ella sigue el camino que el agua ha marcado en la arena 
y aunque no entiende el por qué
le invade el alma la pena. 


Un paso y otros mil más
por la línea invisible 
que todos seguimos. 

El niño pasa corriendo a su lado 
y de pronto 
se lanza a nadar. 

La madre grita tan alto 
que junta su voz 
con la de las olas. 

-Cariño, vuelve a la playa 
por mucho que nades 
no puedes llegar. - 

Ella se gira y observa a aquel niño ir 
a contracorriente 
y ahora ya entiende por qué 
la pena invadió su mente. 


Las dos últimas huellas 
mirando en otra dirección. 
Ella se lanza a nadar 
con aquel niño, 

hasta alcanzar

van a alcanzar
el horizonte.