jueves, 4 de febrero de 2016

Gris.

Era un cuerpo 
mojado por la lluvia
un cuerpo solo
que andaba
sin rumbo
sin ganas
sin alma.

Vagaba 
cansado
por medio 
de una calle 
completamente vacía.

No parecía asustado
tampoco malherido.
No parecía estar loco
tampoco del todo cuerdo.

Parecía derrotado
rendido.
Parecía deshecho 
como cuando
prende una hoja
con alguna que otra
palabra sin sentido
y las palabras vuelan 
convertidas en ceniza
camino del olvido. 

Parecía olvidado
abandonado
por sí mismo
y por el mundo. 

Deambulaba 
frío y ausente
como quien 
pierde
y acepta la derrota
con tal desidia 
que queda inmerso 
en la apatía 
e indiferencia.

Y qué difícil 
se hace 
a veces 
la desgana.

Qué difícil 
caminar 
entre medias,
buscando 
siempre
los extremos de la vida
insensata. 

Qué agotador 
el gris
cuando has contemplado
el blanco 
y el negro. 

Qué dulce arma
esa nostalgia
que ni duele
ni inquieta
de un pasado
algo más vivo
que poco a poco
te mata.

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