mojado por la lluvia
un cuerpo solo
que andaba
sin rumbo
sin ganas
sin alma.
Vagaba
cansado
por medio
de una calle
completamente vacía.
No parecía asustado
tampoco malherido.
No parecía estar loco
tampoco del todo cuerdo.
Parecía derrotado
rendido.
Parecía deshecho
como cuando
prende una hoja
con alguna que otra
palabra sin sentido
y las palabras vuelan
convertidas en ceniza
camino del olvido.
Parecía olvidado
abandonado
por sí mismo
y por el mundo.
Deambulaba
frío y ausente
como quien
pierde
y acepta la derrota
con tal desidia
que queda inmerso
en la apatía
e indiferencia.
Y qué difícil
se hace
a veces
la desgana.
Qué difícil
caminar
entre medias,
buscando
siempre
los extremos de la vida
insensata.
Qué agotador
el gris
cuando has contemplado
el blanco
y el negro.
Qué dulce arma
esa nostalgia
que ni duele
ni inquieta
de un pasado
algo más vivo
que poco a poco
te mata.
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