Tal vez no sea lo más poético que haya escrito, tal vez tan sólo sea un intento de expresar partes inexpresables de mi alma. Tal vez no sepa ni lo que siento ahora mismo, pero quiero intentarlo.
Porque he sentido cómo todo mi cuerpo era bombardeado, cómo se derrumbaban cada uno de los muros que constituían mi pequeño país, mi pequeño corazón, dejando poco más que tristes y despreciables ruinas y cenizas.
Simples pedazos.
En eso se ha convertido mi alma,
en diminutos restos,
en ruinas,
resquebrajados pedazos.
Insomnio.
Creado por el pánico,
creado por la angustia
de pensar en ti
y no verte.
Algo me oprime el pecho.
Me late el corazón a una velocidad incalculable.
No,
no llega todo el aire que a mis pulmones debería llegarles.
Me mareo.
Me pesa el tiempo,
y más aun me pesa el alma
ahora que es un peso muerto.
Desaparecer.
Tan solo quiero desaparecer.
Que la Tierra jamás haya sabido de mi existencia.
Quedar,
únicamente,
en meros y fugaces recuerdos.
Me ahogo.
Juro que no puedo respirar.
Tengo dos manos cogiéndome del cuello
y dos puños haciendo de las suyas en mi estómago.
Vuelvo a intentarlo.
Vuelvo a fracasar.
Entro en un bucle sin salida.
Insomnio.
He matado a mi sonrisa
y el brillo de mis ojos
ha salido corriendo preso del pánico.
He empezado la primavera
cortando de mi jardín
la mejor de las flores.
Ahora lo entiendo,
se rompe el corazón,
lo hace de verdad.
Siento como se separa,
lenta y despiadadamente,
en pequeñas partes,
mi alma.
Mi corazón bombea dolor,
o lo bombardea,
y llega, por mi sangre,
a cada insospechado rincón de mi cuerpo
destrozando y destruyendo,
dejando, tan solo,
ruinas
y cenizas.

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