No la has visto caer al suelo
y hundirse en su propio mar.
No la has visto mirarse al espejo
y gritar
por qué a mi.
No la has visto buscando respuestas
en cada esquina que se prestase cómoda y solitaria
para dejar ahí sus restos de esperanzas.
No la has visto en ese momento en el que todo el mundo
se le cae encima
y cree que no puede con nada.
No la has visto cuando todo su valor ha perdido sentido
para dárselo al tuyo.
No la has visto desgastarse cada vez que le preguntan:
"¿cuánto te quieres?¿ y a él?"
No la has visto justo en ese instante en el que se da cuenta
de que sin ti no y contigo a duras penas.
No la has visto diciendo:
"me da igual estar mal porque cuando estoy con él soy feliz y estoy completa."
No la has visto cansada,
agotada,
planteándose el paso al olvido.
Y si no la has visto es porque ella no ha querido.
Ella no quiere ser débil y vulnerable,
aunque a veces crea inevitable
que tú eres su gran debilidad.
Ella no busca que la veas acurrucada
en la esquina de su cama
luchando contra cada injusticia.
No quiere dejar de defenderte
frente a cada bala que disparan contra ti.
Ella no quiere el olvido.
Es más, teme el olvido.
Y aunque Ella sea fuerte,
y haya aguantado tormentas y avalanchas,
aunque haya conseguido una sonrisa por cada lágrima
a veces
tan sólo
necesita que la cuiden,
que la quieran,
que la protejan.
Mejor dicho;
necesita que la cuides
que la quieras
que la protejas.
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